Té blanco
El té blanco es el té más sencillo que existe: las hojas se recogen y se secan, nada más. Esa elaboración mínima mantiene el sabor ligero y dulce, y deja la boca limpia. Los tés elaborados solo con brotes son delicados, con un toque floral; los estilos de hoja más entera aportan más cuerpo y una redondez suave. Los blancos envejecidos van más allá: tras años de almacenamiento, desarrollan intensas notas de miel. Nuestra guía del té blanco recorre toda la gama, del fresco al envejecido, y todo lo que hay entre ambos.
Las versiones más ligeras son suaves y aéreas: apenas pesan en la boca. Los blancos con varios años de envejecimiento son otra cosa, con miel cálida y fruta seca en cada infusión. Entre esos dos extremos hay un abanico amplio que merece la pena explorar. La preparación también perdona: unos segundos de más no vuelven amarga la infusión, como puede ocurrir con otros tés. Si te interesa el envejecimiento a largo plazo, echa un vistazo a nuestros tés envejecidos, con blancos ya transformados.